¿Y si soñamos?

11.12.2019
Opinión

Por Erubey Gutiérrez R.

“Hay cuatro niños ahora mismo sonriendo en una plaza
y en la trastienda de una bala un militar que no ha dormido
y aquella linda muchachita vuelve a recortar su saya
sí es importante desde un niño hasta el largo de un vestido.”

Silvio Rodríguez

Nadie va a poder negar dentro de unas semanas que 2019 ha sido un año convulsivo, lleno de movimientos y cambios, no solo en México, sino en casi todo el mundo. Podemos ver Hong Kong, Siria, Turquía, Francia, España, Ecuador, Brasil, Argentina, Chile, Nicaragua, Venezuela y Bolivia. Todo se mueve, como se mueven los mares cuando hay tormentas. Nadie puede definir ahora mismo hacía donde va la balanza geopolítica, hay movimientos sociales de derechas y de izquierdas, hay otros demasiado ciudadanos como en Francia y Hong Kong. Hay represiones, hay golpes de Estado, hay conatos de revoluciones. El mundo no está quieto y no se ve que vaya a parar pronto.

Llevamos semanas analizando el acontecer de México, donde el gobierno todos los días ( o casi todos) emite alguna postura polémica, o realiza actos fuera de la lógica del andar de cualquier Estado, le quieran llamar como gusten: de Derecho, de Excepción, Nacional, Absolutista… etc., etc. No terminamos de asombrarnos de una cosa cuando brinca otra. Estábamos digiriendo la claudicación del Estado frente al narco en Culiacán, cuando masacran a mujeres y niños en Chihuahua; no terminábamos de preocuparnos por la famosa revocación de mandado a modo del presidente, cuando nos avientan una elección sospechosísima de quien seria titular de la CNDH. No acabábamos de masticar los recortes que se vienen en el presupuesto y el terrorismo fiscal que viene para 2020, cuando nos dicen que quieren modificar la Constitución para mover a los consejeros del INE, empezando con su titular.

Por eso, ante tanto caos, creo que se vale preguntar: ¿Y si soñamos… aunque sea un poquito?

¿Podemos soñar con que los grupos radicales de “chairos” y “derechairos” dejen de odiarse? ¿Podemos soñar que se dejen de lado las campañas de noticias falsas y de calumnias? ¿Podemos soñar en que todos los actores políticos le bajen dos rayitas a sus egos, a sus frustraciones y sus rencores? ¿Podemos soñar en que se le ilumine la mente a nuestro presidente y convoque a un gran pacto nacional de unidad y paz? Creo que suenan complicados pero no imposibles.

Las crisis mundiales que estamos viviendo son producto de lo mismo: el abandono de los gobiernos para con sus ciudadanos, por cumplir agendas propias o peor aún, de otros países e intereses transnacionales. Ver de frente a la gente ayuda, da miedo pero ayuda, créanme. No es nada riesgoso abrir el gobierno a la ciudadanía, ser transparentes, democráticos, tolerantes, incluyentes, … humanos.

¿Se imaginan que el señor que vive en Palacio Nacional convocara a una gran conclave de todos los gobernantes del país? Ahí estarían todos los integrantes del gabinete, los Magistrados de la SCJN, todos los Diputados y Senadores, todos los Gobernadores, los Presidentes Municipales, los diputados locales, los titulares del poder judicial de cada entidad federativa, los titulares de los organismos autónomos, los rectores de las universidades públicas, los líderes de los principales sindicatos de gobierno. Todos con un solo objetivo: eliminar el discurso de odio, cerrar filas ante la delincuencia organizada, generar condiciones de respeto a los derechos humanos, comprometerse a políticas reales anticorrupción y ser más transparentes en sus actos. Así nada más.

Todo aquello que no estuviera en estos temas será parte del quehacer político de cualquier país. De negociaciones y alianzas. De debates y acuerdos. De lucha política a nivel político, no de revanchas legales, ni venganzas judiciales.

Son sueños muy complicados, lo sé. Pero se vale tenerlos de vez en cuando. Sobre todo cuando tu país se ve en tiempos tan oscuros y bajo la guía de falsos profetas que prometen el reino de los cielos, sin tener siquiera las manos limpias y el alma iluminada para buscar el bien de su pueblo.

Sí. Se vale soñar un poquito.


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