Violencia e infancia

12.4.2019
Opinión

Por Erubey Gutiérrez R.

“Frontera de los besos serán mañana, cuando en la dentadura sientas un arma. Sientas un fuego correr dientes abajo buscando el centro”, La Nana de la Cebolla – Miguel Hernández

¿Qué tan importante es voltear a ver a nuestros niños y niñas? ¿Tendremos la idea consciente de cómo influimos en sus vidas? Yo creo que no lo sabemos, y que por ende la respuesta a la primera pregunta es clara: son la base de toda sociedad que pretenda seguir existiendo.

Hoy por la mañana me despertó una de tantas imágenes que te dejan impactado, que es la que aparece en esta columna. El pequeño tiene no más de un año y medio a lo mucho, se le aprecian heridas en su rostro y cuerpo, el paramédico lo atiende y el bebé lo ve y sonríe. En mi búsqueda encontré que dicha foto es de julio de este año, el bebito es una de las victimas por un ataque a Aleppo, en Siria. Y es de estas imágenes que te marca y despierta todo tipo de emociones, desde el odio por sus agresores, la ternura de la sonrisa, la tristeza por la tragedia, el respeto por el paramédico, la impotencia por que eso no siga ocurriendo, y porque no, la esperanza de que te sientes unos minutos y escribas algo que por lo menos haga cambiar a alguien, a uno siquiera, de como cuidamos a nuestros pequeños y como los formamos como seres humanos.

Esa imagen dice algo muy contundente: entre más pequeños somos, más necesitamos de los demás y es en esa necesidad que nuestra alegría se puede dar aún en plena tragedia, porque no concebimos al mundo aún tal cual y cualquier cuidado y atención nos hace ser felices. Ese pequeño no sabe que pasó, ni por quiénes, mucho menos sabe como se llama la tierra en la que se está peleando; solo sabe que su mundo es su circulo inmediato (sus padres, su familia), el mismo que en ese instante es el paramédico y él.

Cuando los pequeños están en desarrollo necesitan muchos más cuidados afectivos que físicos. Deben sentir amor, cariño y libertad. Conforme van creciendo se debe atender la figura del respeto a los demás, primero en su integridad, evitando que golpeen a otras personas sean adultos o niños como ellos, luego cuando vienen el lenguaje cuidar que no se use con fines de insulto, así suene gracioso. Es en esta etapa que los pequeños en México están abandonados, y explico.

Nadie sabe ser padre por primera vez. Todos vamos aprendiendo sobre la marcha, unos lento, otras rápido, y otros tantos (desgraciadamente) nunca aprenden. Pero la dinámica actual de las economías nos ha llevado a salir a buscar el sustento todos, padres, madres, abuelos, tíos, y es ahí donde el Estado puede coadyuvar al bienestar infantil, ya sea por medio de guarderías para los que trabajan con seguridad social, o con estancias infantiles a bajos costos para quienes emprenden o no tienen un salario fijo o están en la informalidad. Ya sabemos que en este gobierno se desaparecieron los fondos para las estancias, y estamos a la espera de ver si hará algo por esos pequeños, ojalá.

En una segunda etapa, cuando los pequeños ya conocen el mundo que los rodea (de los 3 o 4 años en adelante), nos enfrentamos a otra carencia: los jardines de niños solo tienen un tiempo de servicio de 3 horas, si 3 horas al día, no más. Si una familia busca que sus hijos puedan estar más tiempo en las escuelas, tendrá que recurrir a las privadas y pagar sus altos costos. El Estado de nuevo no los va a apoyar, por lo que se deberán de auxiliar de familiares para que puedan cuidar de sus hijos, eso si no tiene que dejar de trabajar alguno de los padres. De nuevo la disyuntiva de, o produzco, o formo una familia; ante ello muchos jóvenes ya no tienen planes de tener hijos, y optan por las mascotas o por invertir su tiempo libre en otras actividades. Y si bien es respetable y la sobrepoblación mundial se los va a agradecer, hay millones que aún siguen teniendo hijos y esos pequeños debe ser un foco de atención, lo que hoy a todas luces no son.

Del periodo de primaria en adelante ya no hablo, ya que, si bien es el grupo de atención más importante para los gobiernos, su formación ya está encaminada. Si un pequeño de 6 o 7 años creció bajo un esquema de abandono de sus padres, al cuidado de otras personas que no tenía la disposición ni la capacidad para ello, si los tiempos muertos los paso en un ambiente hostil, dejen decirles que poder ayudarlo no resulta imposible, pero si muy difícil. Para ellos el mundo es lo que vieron al ir creciendo y cambiarles ese chip es muy complicado. Y si ponemos en la ecuación la violencia, el maltrato o las violaciones, estamos ante el peor de los escenarios.

El pequeño ríe, y ríe porque en su mente no hay motivo para no hacerlo. Somos cuando pequeños, más cercanos al estado animal, nos guiamos por las sensaciones, por los sentidos, por los instintos, por las necesidades. Es el crecer y ver la realidad poco a poco lo que nos hace humanos, y la calidad de humanos que seremos está en manos no de nosotros, sino de quienes nos rodean cuando más vulnerables somos.

México debería pensar más en ellos. Dejar de lado las caridades, las limosnas, los paliativos. Pasar de un sistema de asistencia a uno de protección total. Donde el Estado no se haga cargo de los pequeños, sino vigile que quienes deben hacerlo lo hagan correctamente, y en caso de negligencias y delitos, busque en otras personas ese ambiente sano y seguro. A la par, para las zonas foco que tengan problemas de desempleo, de marginación, de violencia, etc., aplicar programas que los ayuden a salir de esa condición, todo teniendo a los niños al centro de las políticas públicas. Hoy no existe, y no veo en los próximos años que el tema cambie. Ojalá los ciudadanos alcemos la voz y exijamos que no solo cuiden el voto de las siguientes elecciones, sino el futuro de la nación, porque eso son estos niños que ríen en la desgracia y juegan entre la violencia: nuestro futuro.


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