Cuando la tierra tiene voz

11.21.2019
Opinión

Por Erubey Gutiérrez R.

“De hecho, cuando se unieron (la derecha y la izquierda)
llegó AMLO y murió la izquierda (verdadera)”, Emiliano Buenfil

Decía el maestro Sartori que los derechos de la oposición no solo eran imprescindibles para poder garantizar los derechos individuales de los ciudadanos, sino también para evitar que las minorías se conviertan en “no-pueblo”, es decir, que pierdan su integridad. Obviamente esto contrasta con el discurso de la señora Yeidckol, quien funge como presidenta de MORENA a nivel nacional, cuando dijo aquello de “No tienen derecho a opinar, no pueden criticar (…) y nosotros no se los vamos a permitir”; he incluso con el del propio señor que vive en Palacio Nacional, cuando señala a todo aquel que tiene el atrevimiento de disentir sobre sus posturas y acciones de gobierno (sic) como un “conservador”, y señala al pasado como justificación para acallar las voces del presente.

Esto no solo ha sucedido en las palabras, en los hechos hemos visto pasar la aplanadora legislativa sobre las minorías de ambas cámaras para imponer reformas, aún cuando estás no estén sustentadas en un consenso nacional y plural con diversos actores políticos, con académicos, con grupos sociales, ¿por qué? Pues porque de inmediato, si no están en armonía con el dictado del líder, son opositores que buscan dañar a México, que buscan retener privilegios ilegítimos, que pretenden mantener cotos de poder, que quieren seguir delinquiendo por medio de la corrupción. Es decir, su voz se apaga y sus derechos de alzarla negados, se vuelven “no-pueblo”.

Para la mayoría, esa oposición esta en los partidos que perdieron (PAN, PRI, PRD, MC), en los grupos empresariales que no aceptan las políticas económicas del gobierno, en los intelectuales que señalan las fallas o los errores, que sugieren cambios y por ende ya son “adversarios conservadores”, en la prensa “fifí” que lo ataca con preguntas incomodas e incisivas. Pero no son solo ellos, poco a poco se está haciendo visible otra oposición: la del propio pueblo, la de los hijos del maíz y el agua, la oposición de la Madre Tierra.

Hay tres proyectos magnos que la 4T quiere llevar a cabo, cueste lo que cueste: la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía. Todos ellos requieren de tierras para su ejecución, ya que el gobierno no cuenta con la posesión total del terreno para su realización, por lo cual deben de expropiar a los pueblos aledaños esos espacios. Esta necesidad trastoca dos aspectos importantes para las comunidades: primero, los derechos de posesión y explotación; segundo, el impacto ambiental y el daño al desarrollo de las zonas.

Ejemplos de esto son varios, podemos empezar por la consulta gansito que llevó a cabo para no parar el proyecto de la termoeléctrica en Morelos, de nada le importó el asesinato en días cercanos del líder de los Pueblos en Defensa de la Tierra, Samir Flores; tampoco ha escuchado a los pobladores de las comunidades que se verán afectadas por el aeropuerto de Santa Lucía en Tecamac y Zumpango; en agosto pidió a los pueblos indígenas que cedieran sus tierras a la explotación petrolera en beneficio del país; desestimó la oposición del EZLN al proyecto del Tren Maya, y solo gracias a que dicho proyecto se está saliendo de toda proporción presupuestal y de utilidad económica, es que ahora harán una nueva consulta gansito para avalar o no su realización (muchas somos las voces que auguramos que ganará el NO, porque así conviene al gobierno, antes “morido” que falible); en octubre la ex aspirante a la candidatura independiente por la presidencia, María de Jesús Patricio, conocida por todos como Marichuy, declaró que dentro del CNI (Congreso Nacional Indígena) se tiene el concepto de que el gobierno de la 4T no es de izquierda y solo busca explotar las tierras de las comunidades indígenas, y que incluso se han asesinado más líderes que en gobiernos pasados.

Este panorama pareciera no verse, pero existe. Los apoyos a adultos mayores y estudiantes indígenas por encima del resto de la población no son suficientes. Solo para el 2020 se tiene una reducción del 40% para el Instituto Nacional de Pueblos Indigenas (INPI) y se desaparecen programas como el de Infraestructura Indígena, incluso, a septiembre de este año, se tenía un subejercicio del 54% en el presupuesto del INPI, es decir, no se ha gastado en atender a los pueblos indígenas de este país. El discurso sobre la realidad.

Ojalá este gobierno entienda que no todo es el programa social asistencialista. Que hay comunidades que saben hacía donde quieren caminar, pero necesitan de los recursos para ello. Que abrazar una mujer indígena en una gira o ponerse un atuendo típico no es ser empático con ellos, lo sería el escucharlos y darles las herramientas para que se desarrollen de forma autónoma, como lo marca el artículo 1º de nuestra Constitución, el cual fue reformado gracias a la lucha de todos ellos por ver reconocida su identidad y derechos. Ojalá cambien la idea, ojalá vean hacía la tierra y sus hijos, no solo hacía la urna y la credencial para votar. Cuando la tierra tiene voz, puede ser la oposición más firme, más legítima y más resistente… llevan 500 años de lucha en sus espaldas y aquí siguen, una lucha más no los detendrá.


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