Aldous Huxley y un mundo feliz

11.22.2019
Cultura

“La gente es feliz. Tiene lo que desea y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto; está a salvo; nunca está enferma; no teme a la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no hay esposa ni hijos; ni amores excesivamente fuertes”. Así imaginó el escritor Aldous Huxley, en Un mundo feliz, a los habitantes de un futuro distópico, en el año 632 de la era fordiana, en su opus magnum, en la que retrata una sociedad donde los medicamentos alteran el estado de ánimo, donde la distracciones de los medios de comunicación sirven de grilletes mentales y en la que la facilidad para satisfacer el deseo sexual ofrece la falsa sensación de plena libertad.


Publicado en 1932, el texto se anticipó a las predicciones que escuchamos hoy en día: una humanidad sin capacidad de respuesta, sin margen para la individualidad, la creación, la alteridad, convertida en marioneta del poder. “Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas puedan obrar de otro modo que como deban obrar”, decía el escritor. Con esta novela, que escribió en apenas cuatro meses, Huxley reivindica la dignidad del individuo como centro necesario de convivencia y nos recuerda que sin cultura no hay libertad posible.


Aldous Huxley nace un mes de julio de 1894 cerca de Londres. Su padre, un reputado biólogo; y su madre, de las primeras mujeres que estudió en Oxford. Tiene tres hermanos. Tras la muerte de su madre, su padre volvió a casarse y tuvo dos hijos más –uno de ellos, Andrew Huxley, ganó el Premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre los impulsos eléctricos del sistema nervioso–.

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